
Desde hace algún tiempo la palabra innovación no deja de estar en la boca de muchos de los que trabajamos día a día en el mundo de Internet.
Según la wikipedia, Innovar es “generar o encontrar ideas, seleccionarlas, implementarlas y comercializarlas“. Pero, ¿hasta dónde se puede innovar sin copiar una y otra vez y mejorar lo ya existente?. O mejor, ¿cuándo pararemos de innovar para cerrar realmente un proyecto por completo y dejarlo crecer a su tiempo?.
Vivimos en constante proyecto de renovación y de expectativas confusas, una “beta” continua que cambian de un momento a otro. En un momento podemos interesarnos por la última tecnología móvil mientras que al mismo tiempo tenemos abierta otra pestaña en el navegador que habla de las últimas listas de música, o de un nuevo site que las aglutina y relaciona con los últimos vídeos en youtube. Y todas son excelentes ideas. Pero no hay horas al día para revisar, procesar, meter en del icio us y twittear lo suficiente. Aprendizaje constante. Infoxicación continua.
En esta época twitteriana muchas veces las ideas se definen en “no más de 140 caracteres“, pero, nos preguntamos: ¿realmente podemos innovar en tan poco espacio y tan limitado tiempo?. ¿Hacia dónde nos lleva realmente la innovación? En el peor de los casos podríamos hablar de autoengaño: no innovamos, movilizamos y refrescamos ideas que encontramos, para luego volver a dejarlas libres al más puro estilo 2.0.
Renovarse o morir ha pasado de ser una frase manida, para ser una realidad desquiciante. Constante renovación que se alimenta socialmente mediante el trabajo colaborativo. En IBCmass desde hace un par de años usamos internamente varias herramientas que nos permiten hacer de la innovación algo transparente, a lo que todos los que forman parte de la casa tienen acceso. Curiosamente, la experiencia no sólo ha aportado una cantidad ingente de información que viene y va, se regenera y es discutida apasionada y permanentemente, sino que también, y para sorpresa de todos, ha contribuido en la coordinación informativa del equipo al completo. Como si de un clan se tratase, cada idea nueva es expresada sin miedo y derrocada o defendida según los detractores con los que cuente, para luego ser devuelta, guardada con mimo en un “quizás lo hagamos” o puesta en marcha enseguida, según la decisión final del jefe de proyecto responsable o del gerente de la compañía. La innovación ha pasado de ser un concepto, título de muchas de las conferencias a las que asistimos, a ser una forma de vida.
Sin embargo, no nos engañemos, a veces, fuera de las oficinas y de las pantallas, sigue ocurriendo: en un café, al más puro estilo de Braque y Picasso deliberando sobre la modernidad, las personas se sientan y discuten, sin referencias, sin wikipedia ni twitter, victimas de ideas vírgenes que no han pasado el tamiz 2.0 y sale a la luz una idea brillante que se dibuja en una servilleta. Lo que pase con ella, ya es cosa del tiempo, pero mientras haya verdaderas ideas, sensibles a mejorar realmente lo que tenemos, habrá innovación.
nota del autor: artículo redactado para el internetmeetingpoint 09


















