
Nunca encuentro un hueco de los varios que tengo al día para poder escribir algo, soy un vago, lo reconozco. Cuando Ana nos propone que expresemos nuestras opiniones, que contemos nuestras experiencias, uno se para a pensar ¿y qué les cuento yo?. En parte este escrito va por ella… que es la que se encarga y se molesta de que la experiencias lleguen a buen puerto… al blog IBCmass.
Es difícil ponerte a escribir de algo sin que delimiten cuál es el tema, pero viendo los “post” anteriores de María en La Patagonia, de Ana con sus fotos de Roma y México, de Alfredo en la nieve de no se qué lugar… alguna que otra idea va surgiendo.
Por la parte que a mi me toca y como hace mucho que no me voy de vacaciones, haré como si de Xurde Morán se tratase y haré un pequeño escrito de lo que para mí se está perdiendo como referente y como fuente de experiencia…los barrios.
Todavía me acuerdo de la calle en la que viví buena parte de mi vida como niño en Gijón. Es conocida aún como “los arcos”, haciendo referencia a los arbotantes que dibujan y sujetan los viejos pisos de la Calle Marqués de San Esteban. En esta calle jugábamos al fútbol (yo de portero, que es la posición que se le otorga al que no tiene ni idea de cómo se juega), hacíamos kioskos móviles para financiarnos bolsas de chuches, y por supuesto corríamos en bicicleta. Teníamos que aguantar a los mayores protestando por nuestras temeridades y por lo salvajes que éramos… pero con cierto respeto los ignorábamos.
Al lado teníamos la estación de RENFE y un montón de piedras y muros a medio caer resultantes de la vejez de la fábrica de Moreda. Allí jugábamos a escondernos, a ser maquinistas de un vagón oxidado y a encender el primer Ducados (entonces, se vendían sueltos).
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Durante la hoguera de San Xuan, venía Luis el de la carnicería con sus chorizos de matanza, Benita la dueña del Bar Benita (aún en pié) con sus bandejas repletas de comida, Belén (la del segundo, como así la conocíamos por ser el piso en el que vivía) con los postres y alguno más que ahora se me escapa y se encargaba de la bebida: sidra, por supuesto, cerveza y Fanta limón o naranja para los más pequeños… Corríamos alrededor de la hoguera, bebíamos nuestra Fanta (y algún culín de nuestros mayores despistados) y cuando ya estábamos negros de la madera quemada teníamos permiso para seguir manchándonos…
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De repente, me da por dar un salto temporal y veo que hoy, mi calle… los arcos, Marqués de San Esteban… perdió todo su glamour como fuente de inspiración, como segundo patio de escuela, como escenario de teatro improvisado. Ya no está la carnicería, ni Benita, ni nadie que lleve bebidas. El Ayuntamiento prohíbe hacer hogueras más allá de la oficial y en el lugar donde antes hacíamos la hoguera hay una playa que en invierno está más muerta que los juegos de los niños que no están.
No hay calle, no hay niños, no hay juego…
Podrá la consola reconstruir todo esto? Porque entonces, me la compro.
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Ese Xixón
Muy buen relato…
Xixón
Yo viví en Gijón desde k nací hasta hace un par de años que me vine a Oviedo por razones econo-laborales.
Vivía en la otra punta, La Arena, y más trade y más lejos en Somió. Poco a poco vi como fueron desapareciendo todas las tiendas y locales que frecuentaba desde pequeño. La juguetería “Mario”, los multicines “Hollywood”, el video-club “Plató”. El auditorio del Parque Inglés, aunque este último fue un alivio que lo derribaran porque sólo albergaba suciedad. Mercaplana cada vez valía menos y costaba más, pero nos daba igual porque siempre nos colábamos. Los “iluminados ingenieros” que diseñaron las puertas dejaron a medio metro del suelo huecos circulares por los que cabía un niño. Y cuando ya no pasábamos a través del agraciado diseño era porque ya teníamos sufieciente cuerpo para escalarla.
Lo único que no ha cambiado es el agua de la playa porque no tiene dueño que si no…
Esto debe seguir http://recuerdogijon.blogspot.c