La vida te cambia en un segundo

Otoño, viernes, siete de noviembre, cinco y media de la tarde después de comer y muy cansados de una semana estresante como pocas. ¿Quién recoge a Pelayo? tu, yo, anda porfa déjame ir a dormir que estoy molido….

Llaves que giran rápido, la puerta se abre, Pelayo grita, “papá, papá, mamá está tirada en la calle y rodeada de sangre, baja rápido” ….

Corriendo te tiras por las escaleras, sales al portal, empiezas a bajar al calle y por fin divisas al lugar del accidente, acordonado, ambulancias, policía y mucho mirón. Asustado vas viendo como te acercas y buscas desesperadamente a Nuria, un policía te sale al paso y te intenta tranquilizar pero sigues ciego. Al final la ves en el suelo con personal sanitario a su alrededor y con cara desesperada, aterrada, llorando, y pidiendo consuelo, la coges la mano, la pides que se tranquilice, que no pasa nada, que estamos todos de nuevo juntos, …


Por fin la inmovilizan, la sedan, la suben a la camilla con toda la parafernalia de un accidente de tráfico, de esos que ves en la tele, y siempre piensas que no te va a tocar y que solo son números, estadísticas.

Un buen vecino recoge a Pelayo y se lo lleva fuera del sitio y así me libera de su cuidado, cojo el coche y me dirijo al hospital para llegar antes de la ambulancia. Espera, angustia, por fin la ingresan, la miro un segundo, código amarillo 3, me voy a hablar con atención al paciente, hasta dentro de una hora no la puedo ver; y hablo con el vecino para recoger a Pelayo y volver a estar juntos. Así lo hago y regreso a urgencias. Me llaman por el altavoz y paso a verla, nerviosa, intranquila, asustada, … nos ponemos a respirar, buscando la normalidad, le duele mucho, tiene miedo, la van a operar, yo no me encuentro muy bien y voy a refrescarme, respiro. Por fin hablo con el médico, fractura abierta de tibia y peroné, mucha pérdida de tejido muscular en las dos piernas, hay que operar. A la compañera del accidente la dan el alta de urgencias y recoge a Pelayo, sigo con Nuria, llega el párroco del barrio, muy amable nos ofrece sus servicios; !estamos servidos! Ataque de ansiedad, lloros, más lamentos, por fin la enpastillan y seguimos esperando que un quirófano quede libre, foco en la operación, en pasar al nuevo estadio. Por fin nos avisan, llegan los celadores y me dejan acompañarla hasta la planta tercera en la que están los quirófanos de traumatología, espera, vueltas, estiramientos, ya no se que hacer, hablo algo por teléfono, pero tengo poca batería y la reservo, más espera, pasa el tiempo. El altavoz dice mi nombre y voy a ver al cirujano que me confirma que todo hay ido bien pero la fractura y pérdida de tejido muscular es una evidencia, y tendrá una recuperación muy lenta, hay que esperar, ser paciente. Sale Nuria del quirófano, la veo otro segundo, está mejor, sedada pero solo con epidural, hablo con el anestesista y la llevan a reanimación, hasta el día siguiente, sábado, no se puede hacer nada. Regreso al barrio, recojo a Pelayo, vemos los restos del accidente y vamos a casa para tratar de dormir. La jornada por fin echa su cierre.


Hospitalización, planta de rehabilitación, habitación 354, empieza la otra vida alrededor del paciente, combinando con la casa, con tu hijo, con su atención y con el trabajo, favores a la familia y amigos, intento viajar menos. Será todo muy lento, queremos que vuelva a casa por Navidades, hemos anulado el viaje a la nieve, la silla de ruedas, la rehabilitación. Todo diferente, pero está viva, tiene las dos piernas, y a Pelayo que estaba a un metro no le ha pasado nada. La señora que llevaba el coche que arrolló a Nuria y Ana después de subirse a la acera, en la rotonda, y llevárselas por delante, dice que se desvaneció y nos lo creemos, …

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