Efectos colaterales

Martintop-grande

Cuando una persona acaba de tener un hijo, como es mi caso hace justo hoy dos meses, y cuenta su experiencia, no puede dejar de intentar transmitir ese sentimiento nuevo que sólo quienes han tenido la misma vivencia pueden comprender en su totalidad y que, por mucho que se intente describir con palabras, resulta único, intransferible e incomunicable.

Así que voy a obviar ese tema y voy a contar en cambio otros aspectos de los que no suele hablarse tanto, y que son “efectos colaterales” al hecho de tener un hijo por las que los padres recientes han de pasar obligatoriamente.

Siempre se dice que un hijo te cambia la vida, aunque no de la misma manera a lo largo de las distintas etapas por las que va pasando el pequeño. Cuando, como es mi caso, es todavía un bebé, el cambio más notable es la nueva percepción del tiempo: la vida se divide en intervalos de tres horas, que son las que transcurren entre las sucesivas tomas de biberón. ¡Y os aseguro que pasan antes de lo que uno se imagina! Porque entre una y otra, aparte de estar pendientes del bebé, si es que está despierto, hay que lavar con sumo cuidado los biberones, esterilizarlos y, cuando llega la hora del siguiente, prepararlo y calentarlo. Para ello hay que utilizar una serie de cachivaches (cepillo especial lavabiberones, esterilizador, calientabiberones…) que durante bastantes meses invaden la cocina de los flamantes padres. Y cuando salimos a la calle, hay que calcular el tiempo que vamos a tardar en volver a casa y, si es necesario, llevar el biberón y todos los utensilios imprescindibles para prepararlo fuera (dosificador, termo…), porque cuando llegue la hora de su toma, el bebé empezará a llorar a grito pelado esté donde esté.

Antes de tener hijos, la palabra biberón evocaba un objeto bastante simple compuesto por un tubo transparente y una tetina. Cuando uno se mete en harina y se informa sobre el tema, descubre un micromundo complejísimo, porque hay biberones de variadas formas, tamaños, tipos (los anticólico, por ejemplo, son los más demandados para los recién nacidos) y materiales. Y las tetinas no digamos. Hay hasta unas llamadas “de tres posiciones” que pueden girarse en la boca del bebé, y por el mismo orificio sueltan más o menos líquido según la posición en la que estén.

Otro aspecto que te cambia la vida cuando acabas de tener un hijo son… ¡las visitas! Nunca habrás tenido tantas: primero en el hospital y después en casa. Las primeras semanas todos los amigos y familiares de los padres, personas a las que es posible que hace años que no veas, forman una especie de peregrinación que acude, cual Reyes Magos con sus regalos, a ver al Niño. Y como desgraciadamente no existe ninguna ceremonia establecida de “presentación en sociedad” que facilite este rito y reúna a todos en un mismo día, las visitas llegan como un goteo interminable. Y recibirles es siempre un placer (¡qué padre no está orgullosísimo de enseñar a su niño!), pero conlleva una seria de cuestiones (tener la casa como una patena, la nevera con bebidas suficientes qué ofrecer, dulces o algún aperitivo según la hora…) que cuando se está al cuidado de un recién nacido pueden resultar estresantes. Y a menudo, cuando se acerca la hora de recibirlos (si es que avisan antes), nos ponemos a toda prisa con el niño en un brazo… y ordenando la casa y recogiendo biberones con el otro.

¡Y qué decir de la temperatura! Los conceptos de frío o calor, que antes nos bastaban para medir la sensación térmica, ahora resultan totalmente inexactos, y nos convertimos en auténticos termómetros andantes. Una de las mayores preocupaciones de los padres primerizos es aprender a valorar si la temperatura del agua a la hora de bañar al niño, de la leche del biberón y del lugar en el que esté en cada momento es la más adecuada…

En fin, no sigo porque no acabaría nunca. Eso sí, a pesar de todas estas pequeñas molestias, sin duda no hay experiencia más gratificante y recomendable… Y es que cuando ves la carita de tu niño, se te olvidan todas las preocupaciones.

Eva Fernández

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  1. julia
    Jue, Dic 4 2008 |

    y la que te rondaré morena

    Comentarios muy acertados, a la vez que divertidos , aunque querida EVA, he de decirte y la experiencia me acompaña, que esos son los 50 metros , ahora te falta la maratón.

    Ánimo

  2. segundo no tienes ninguna
    Jue, Dic 4 2008 |

    A pesar de que dejas bastante claro lo de “padres primerizos” habría que recalcarlo más, por que es sin duda la razón más importente de lo que estás viviendo. Todo por lo que estas pasando: falta de tiempo entre toma y toma, visitas a todas horas, ignoracia en los utensilios utilizados (biberones, tetinas, pañales, diferentes tipos de leches, papillas,….), desconocimientos en temperaturas, garabes, cremas,…. y un sin fin de cuestiones que sólo te planteas “in situ” cuando estás metida hasta la médula en los cuidados de tu bebe, sólo pasa, y aunque no lo creas es así, sólo pasa con el primero. Con el segundo no tienes ninguna de estas preocupaciones e incluso el tiempo te cunde más, a pesar de que (como es mi caso) tuviera dos bebes (la mayor con 2 añitos recien cumplidos, seguia siendo un bebé) y dicen (que no lo sé por experiencia) que el tercero se “cría” solo, lo malo es que nos falta ánimo para comprobarlo!!!!!

    Muchos besos y aprovecha por que cada día, auqnue creas que es pura monotonía, es único e irrepetible para tí y tu bebe.

  3. Mario
    Jue, Dic 4 2008 |

    Los niños es lo que tienen…

    …que es muy guapo, lo primero, y que ya se ve en las fotos que está perfectamente pertrechado. (Se nota que su mamá es experta en intendencia).

    Como me dijo un amigo: no es que los niños te cambien la vida, eres tú mismo el que cambias.

    ¡Qué le vamos a hacer… son lo más importante!

    Enhorabuena!!!

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